Culta, políglota y audaz, Catalina II, emperatriz de Rusia (1729-1796), fue una de las mujeres de avanzada de la historia. Se carteó con Voltaire, intimó con el filósofo Diderot y se dice que fue amante de príncipes y conspiradores. Buscaba el amor con desesperación, sobre todo en los últimos momentos de su vida. Una búsqueda que algunos historiadores confunden con la ninfomanía. Nació en Stettin (actualidad Szczecin, en Polonia) el 2 de mayo de 1729.

En la primavera de 1745, en el Palacio de Verano de San Petersburgo, se organizaban los preparativos de boda del gran duque de Holstein, Pedro Ulrico –nieto de Pedro el Grande, a quien su tía la zarina Isabel, al no tener hijos, proclamó su heredero–, con la princesa alemana Sophie Fredricke Auguste von Anhalt-Zerbst.
 

 

Sofía llegó con su vanidosa madre, la princesa de Zerbst, a San Petersburgo. Adoptó el nombre ruso de Ekaterina (Catalina) y se convirtió a la Iglesia ortodoxa en el afán de adaptarse a su nuevo país. En cambio su prometido, el futuro zar de todas las Rusias, nunca dejó de ser prusiano, jugaba con soldaditos de plomo, despreciaba a los rusos y sus costumbres y se reía de sus futuros súbditos.

Catalina, por su parte, trató de plegarse a las costumbres de la corte. "Deseaba –escribe la princesa–, que los rusos me quisiesen. Tenía 15 años y a esa edad ya se gusta seducir. Como las mujeres de la corte, me cambiaba de vestido varias veces al día". Con el tiempo se cambiaría tres veces en cada ceremonia y nunca volvería a ponerse el mismo vestido. Catalina aprendió enseguida el ruso –hablaba y escribía los principales idiomas– y manejaba a la perfección el francés que se hablaba en la corte de San Petersburgo.

La princesa nacida en Stettin, Pomerania –actual ciudad de Szczecin en Polonia– en 1729, no fue bien recibida, ya que sus padres deseaban un varón. Se dice que por ello se decidió a vengar la afrenta de su nacimiento. La pequeña Sofía se convertirá en una mujer culta, lectora de Montesquieu, Montaigne y los grande spensadores de la Ilustración. Se escribirá con Voltaire y los enciclopedistas, y más tarde, recibirá en su corte por un tiempo prolongado a Denis Diderot.

Era audaz, despierta, inteligente, dulce, de temperamento fogoso, rebelde, generosa, paciente, justa, de buen corazón y con una voluntad de hierro. Quiere firmemente llegar más lejos que un hombre.